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Cómo usar el síndrome del impostor a tu favor

Cómo usar el síndrome del impostor a tu favor

El síndrome del impostor es uno de esos temas que de repente aparecen en la conversación pública y descubrimos que 1) todos lo padecemos y 2) los creadores de contenido (¡hola!) publican cientos de artículos al respecto para explicarnos, muy amablemente, qué es y cómo superarlo. Entonces, ¿qué es y cómo lo superamos?

Spoiler: nunca lo superamos.

En términos generales, es un fenómeno psicológico que nos hace dudar de nuestros logros. Por ejemplo, si conseguiste el trabajo después de un largo proceso de reclutamiento, es lo que surge en tu primer día, cuando te preguntas: ¿Qué hago aquí? ¿Cómo los convencí? ¿Voy a poder mantener esta farsa por mucho tiempo? ¡En cualquier momento se darán cuenta de que no tengo idea de lo que estoy haciendo!

¿Lo peor? La sensación no desaparece después del primer día, ni la primera semana, ni en 5 años. El síndrome del impostor estará ahí cuando subas a buscar tu Óscar. Aunque suene deprimente, eso debería ser un alivio porque nos deja espacio para sentir otras cosas en lugar de culpa/frustración porque los 13 artículos y 47 tips que leímos no han funcionado.

Eso no significa que debes aceptar ciegamente lo que el síndrome del impostor te hace sentir y creer. Como Austin Kleon lo explica en su libro Roba como un artista. Las 10 cosas que nadie te ha dicho acerca de ser creativo: nadie, nadie nadie nadie, está 100% seguro de lo que hace. “¿Ni los cirujanos?” Ni los cirujanos. “¿Y mi jefe?” ¡Especialmente tu jefe!

Ahora, no hay que usar esa idea como excusa para no prepararnos o practicar más. Úsala para recordar este otro punto que Austin Kleon toca en su libro: no esperes, no dejes de hacer cosas, de tomar y publicar fotografías, avanzar en tus proyectos creativos o proponer esa idea porque crees que no estás listo o que todavía no sabes quién eres.

“Es en el acto de hacer cosas que descubrimos quiénes somos.”

Por otro lado, considera que existen influencias culturales que hacen que algunas personas sientan más confianza que otras al hacer algo sin estar tan preparados. Pienso en la respuesta de Amy Poehler cuando le preguntaron qué consejo le daría a jóvenes directoras: “Hazlo incluso si crees que no estás lista. Muchas mujeres esperan hasta que piensan que están muy muy listas para algo. Y he trabajado con un montón de tipos que no están preparados para lo que están haciendo.”

Yo también, Amy, yo también. No se trata de lanzarle un pastel en la cara a cada hombre incompetente que encontramos (¿Por qué nooo?), se trata de no dejarnos intimidar por ellos o por nuestro propio síndrome del impostor. Se trata de confiar en nuestras habilidades de aprendizaje, incluyendo lo que hemos aprendido en el pasado, lo que estamos en el proceso de aprender y lo que no nos hemos permitido imaginar todavía.

Mi síndrome del impostor se está manifestando en este momento porque ya escribí 500 palabras y sólo he explicado cómo convivir con él y no cómo usarlo a nuestro favor. Pero bueno, ahí va: la total ausencia del síndrome del impostor tiene desventajas. ¿Cómo podemos evaluar nuestras capacidades si nunca las cuestionamos? ¿De qué manera podemos avanzar si no nos tomamos la molestia de pensar en lo que nos falta desarrollar más?

Más que tratar de aceptarlo o eliminarlo, debemos tener una conversación franca con él para entender de dónde viene.

¿Te hace dudar porque te falta aprender mucho y tiene ganas de aprender todo ya ya ya ya ya? Cool, en ese caso pueden negociarlo y encontrar un buen ritmo para aprender cosas nuevas. ¿Te hace dudar porque eres mujer y cree que las mujeres sólo piensan en zapatos en lugar de ambiciones profesionales (y de vez en cuando en zapatos porque eso no tiene nada de malo)? Not cool, en ese caso puedes enseñarle, enseñarte, que eso proviene de las influencias culturales que mencionamos antes y vale la pena investigarlo más para que no controle tu vida.

En conclusión, tenemos que buscar activamente la información, las personas, los libros, las películas y las experiencias que nos muestran caminos que no hemos explorado. Y al hacerlo, tratar de recibir todo eso de forma positiva: “¡Mira todo lo que me falta aprender! ¡Qué emoción!”, no tan “¡Mira todo lo que me falta aprender! ¡Mejor me escondo en una cueva para que nadie note mi ignorancia!”.

No es nada fácil, pero como impostores nos podemos acompañar en el proceso.

Imagen destacada por Hugo Gómez (¡Portafolio disponible en capptu.com!)

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