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La fotografía post-mortem de la época victoriana

La fotografía post-mortem de la época victoriana

Las historias que se vuelven virales dicen mucho sobre nosotros: exponen nuestros deseos, nuestros miedos y, sobre todo, nuestros malos hábitos. Uno de esos hábitos es compartir información que se presenta como un hecho real sin estar seguros de su veracidad, sólo porque nos parece interesante o porque una parte de nosotros quiere que sea real.

Hay muchísimos ejemplos de esto en internet, y el mito de la fotografía post-mortem de la época victoriana es uno de los más interesantes. Según muchos artículos y galerías (de blogs dudosos pero también de medios con más prestigio como la BBC), en la Inglaterra de esa época solían tomar fotografías con los cadáveres de sus seres queridos, colocándolos en diferentes posiciones con la ayuda de soportes para dar la impresión de vida.

La idea no suena tan descabellada: sabemos que nuestras ideas sobre lo socialmente aceptable cambian con el tiempo, así como nuestra relación con la mortalidad y los rituales que al rodean. Sin embargo, todo está mucho más relacionado con los inicios de la fotografía que con la muerte.

Lo cierto es que las personas en las fotografías “post-mortem” estaban vivas (lamento destruir la fantasía macabra sobre antepasados excéntricos). Los soportes que aparecen en esas imágenes eran usados para impedir el movimiento de la persona: así evitaban un resultado borroso debido al largo tiempo de exposición de las primeras cámaras (un minuto y medio cuando el daguerrotipo fue inventado en 1839).

Otro efecto no intencional de los primeros procesos fotográficos era el aspecto tétrico de los sujetos con ojos en blanco, causados por un proceso químico que cambiaba su color.

Para algunos, la ficción es mucho más cautivadora y tiene más impacto como dato curioso sobre el pasado oscuro de la cultura, pero la realidad también es fascinante: desde los inicios rudimentarios de una forma de arte que ha alcanzado niveles insospechados hasta nuestras ganas de inventar y creer en fantasías entretenidas.

Fuente

Imagen destacada por Pablo Llerenas

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